Con 33 hectáreas a su cargo en la zona de Los Albaricoques (Níjar), se muestra “sorprendido por lo bien que todo el mundo ha acogido las medidas especiales con motivo del coronavirus”

El campo almeriense está llegando al final de una campaña llena de particularidades y aspectos diferenciadores con respecto a otros, desde las crisis iniciales de precios hasta la incidencia del Covid-19, pasando por una climatología también singular. Rubén Checa es técnico agrícola y responsable de más de 33 hectáreas de producción de calabacín en el Campo de Níjar, en concreto en la zona de Los Albaricoques, que comercializa Grupo Agroponiente.

Rubén se ocupa de la coordinación general de la finca, “desde la gestión general del cultivo, los riegos y tratamientos o la constante inspección del cultivo, hasta labores administrativas, auditorías, etc”.

Ha sido un año singular en todo y, entre otras cosas, por esa incidencia del Covid-19 que, en palabras de Rubén Checa, “ha provocado cambios, pero han sido más bien a nivel de trabajadores y de las medidas de seguridad que había que tomar que en cuanto a la estructura de tareas habituales en una finca. Particularmente me ha sorprendido lo especialmente bien que lo ha llevado todo el personal de campo. Esta circunstancia especial ha afectado a nivel de trabajadores, con los medios de seguridad, la manera de llegar a las fincas y el transporte de personas, pero todo el mundo ha asumido los cambios con una excepcional responsabilidad y el ritmo de trabajo se ha mantenido en parámetros muy similares a lo habitual.»

En las fincas controladas por Rubén, se cultiva exclusivamente calabacín, mayoritariamente calabacín largo, aunque también con algunas producciones de redondo. Más allá de la circunstancia del coronavirus, él declara que “hemos tenido un año climatológicamente extraño, con un Invierno menos frío de lo habitual y, por tanto, con algo más de producción, sobre todo en la parte final de febrero; y una Primavera al contrario, es decir, más fría y nublada de lo normal y una pequeña disminución de la producción esperada”.

A pesar de ello, ha sido un año, en sus propias palabras y exclusivamente en términos agronómicos y no comerciales, “un muy buen año. El cultivo ha salido muy bien, con unas altas cotas de calidad y sin que el problema del Covid-19 o estas circunstancias climatológicas hayan afectado en absoluto».

Finalmente, Rubén Checa comenta que, en este momento, “nos encontramos en el tramo final de la campaña. De hecho, el volumen de producción está ya muy bajo y aproximadamente en un par de semanas empezaremos a arrancarlo, con lo cual se prevé que para el 10 de junio ya esté todo retirado. Posteriormente, como es habitual, acometeremos los trabajos de desinfección y limpieza, se repasará todo el sistema de riego y se comenzará la instalación de plástico de desinfección, para contribuir a la eliminación de todo tipo de hongos y nemátodos, dejándolo suelo para empezar de nuevo el cultivo a mediados de julio con el trasplante. Pienso que el 15 de agosto ya se estará produciendo calabacín de nuevo”.